Su nombre se debe a las manchas negruzcas que aparecían en el Mar de Irlanda consecuencia de la canalización de residuos de una mina local.
Muelles que se adentran sobre el frío mar, una hermosa playa de extensión kilométrica y un sinfín de atracciones para grandes y pequeños y restaurantes con carteles a cada cual más ostentoso para llamar la atención de los transeúntes.
Podemos acceder de forma gratuita a la Tower Eye de Blackpool,que alberga en su interior una maqueta del mismo realizada en plata, un circo, un barroco salón de baile, restaurante y sala de proyecciones.
Eso sí, para cualquiera de estas atracciones hay que pagar, pero aunque solo sea para apreciar las vistas y el interior, merece la pena acercarse a este emblemático edificio local.
Me quedé con las ganas de entrar en el magnífico salón de baile, pero os dejo una muestra a través de las puertas de acceso al mismo, que dejan entrever la ornamentación lujosa, el suelo encerado e impecablemente pulido, con sus mesas de los años 20 colocadas y el telón del escenario desplegado como si la banda empezase a tocar en breves instantes...
Pero lo cierto es que prácticamente todo el interés se centra en el paseo marítimo, si nos adentramos en la ciudad, además de los teatros y la iglesia de St.John (en cuya plaza hay una escultura un tanto... vanguardista de un nadador) no hay mucho más que ver. Eso sí, llaman la hilera de locales adyacentes al gran teatro, de apenas 6 metros cuadrados, que cuentan con un enorme número de artículos magistralmente colocados para que quepan todos, dependiente incluido, en la tienda. Me gustó especialmente el puestecito de jabones que aquí os muestro (¡el encuadre de la foto comprende toda la tienda!) :
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