Desde pequeña me perdía en las playas de Cádiz, primero de forma inconsciente absorta en juegos infantiles, pero a medida que cumplo años, siento cada vez más la necesidad de perderme en esas playas donde la vista se disipa; buscando la sensación de inmensidad que sólo el océano puede generar, y que hace que el resto sea insignificante.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer la zona de Zahara de los Atunes, que muchas veces he rondado, pero que nunca antes me paré a explorar...hasta hoy.
Lo primero que me gustó fue que aún podemos encontrar playas donde no hay chalets pegados a la arena, ni monstruosos hoteles de 30 plantas, donde la gente no compite por una parcelita de arena donde aparcar la toalla. Ventajas de viajar en temporada baja. :) Puedes pasear hasta cansarte sin llegar al final de la playa, y sentir el agradable escalofrío de las olas mojando tus pies, mientras te hundes suavemente en la arena fina que se desliza entre los dedos. Siempre que no sople el tan incómodo viento de levante, claro!
Otra ventaja de no viajar en la temporada de masivos aluviones de visitantes ávidos de sol, es sentir el trato cercano y pausado de la gente de la zona. Que te da la oportunidad de charlar como si no existiese reloj y descubrir nuevas formas de vida.
En mi caso, pude conocer los detalles de la pesca del atún de Almadraba, gracias al cual subsisten muchas familias de la zona, y degustar las distintas partes del Atún (descubrí que soy una adicta al tarantelo de atún). Un lugar de referencia en el cual me han tratado como una auténtica reina es Casa Juanito, uno de esos rincones familiares, donde el trato amable de los camareros, una cocina envidiable, y un orujo casero de naranja que hace las delicias de cualquier paladar.







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