Me considero un tanto hedonista y como tal necesito sacar tiempo para dedicarlo a los placeres mundanos, el mío sin duda es viajar, y ahora que me encuentro en Reino Unido quiero descubrir los rincones de esta tierra.
Cámara en mano y tras media hora de tren desde Liverpool (26,6 km) y 4,60 libras de billete (i/v), llegamos a Southport, un pueblo costero en el noroeste de Gran Bretaña.
Tras bajar del tren, lo primero que llamó mi atención fueron las galerías de estilo victoriano que conducen a tiendas escondidas de antigüedades y pequeñas cafeterías donde disfrutar de un buen té.
Dichas galerías conducen a la calle más concurrida del pueblo: Lord Street, al parecer el príncipe Louis-Napoléon Bonaparte vivió en esta calle en 1846, antes de convertirse en emperador de Francia en 1851. Sólo un año más tarde, inspirado en su estancia en la ciudad, puso al barón George Haussman a trabajar el rediseño de la ciudad de París y gran parte del centro medieval de la capital francesa fue sustituido por amplias avenidas arboladas, caminos cubiertos y salas de juego, al igual que Lord Street, aquí os dejo algunas fotos de esta calle, para que busquéis similitudes:
Otra zona ineludible en cualquier visita turística es el Southport Pier, que con una longitud de 1,1 km es el segundo muelle más largo de Gran Bretaña, pero tranquilos, para los que no les apetezca la caminata hasta el mirador del final con preciosas vistas al mar de Irlanda, hay dos opciones de transporte público: un moderno tranvía y un tren turístico con un toque más tradicional que recorre además otros puntos de la ciudad.
Tras llegar al mirador del final del muelle nos encontramos con la típica cafetería con vistas y oh! Sorpresa, máquinas tragaperras! eso sí, todo muy vintage. ¿Por qué a los ingleses les gusta tanto jugar?






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