Después dimos una vuelta por una de las avenidas residenciales, repleta de mansiones victorianas reformadas:
Tras un rato paseando por el césped impolutamente cortado, las flores exquisitamente plantadas y las barquitas con forma de cisne del muelle, una empieza a plantearse que quizás guarde cierto parecido con El Show de Truman, pues todo tan estético que parece un decorado... por ello decidimos volver al "centro urbano" y difrutar de una típica taza de té.
El sitio ya lo habíamos "fichado" al poco de llegar: desde Lord Street vimos en el primer piso de un edificio victoriano las letras que anunciaban un salón de té con cierto aire antiguo, y allí que fuimos a parar:
No pudimos dar más en el clavo: tras subir unas estrechas y empinadas escaleras (cómo no, con moqueta) llegamos al Tea Room Nostalgia, un gran salón repleto de mesas, con unas camareras con cofia y delantal al más puro estilo años 30: plantas, vidrieras, sillas antiguas... todo te transportaba a esa época.
El ambiente tan acogedor, una cuidada selección de tés servidos con gran amabilidad y unos precios muy asequibles, nos hicieron disfrutar de un final redondo para una tranquila tarde de verano.
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